No creo que haya nadie que ponga en duda que la progresiva adopción e inclusión de las TIC en las empresas está produciendo una transformación de las mismas. El modelo de redes de empresas (que sigue aún existiendo) está dejando lugar al modelo de empresa red. Es importante incidir en que se está realizando una transición cuya velocidad difiere para cada empresa. En ello, inciden diversos factores tales como la capacidad de realizar el proceso o de asimilar el conjunto de características que incluye el modelo de empresa red.
Cabe decir que, a pesar de su incorporación progresiva, las TIC presentan una naturaleza dual como la luz. La teoría de lo invisible pone de manifiesto algo ya conocido de sobra: un mismo recurso puede ser invisible tanto por defecto como por exceso. Las TIC ejemplifican esta idea a la perfección. En algunas empresas, las TIC se han mimetizado, se han hecho imprescindibles, aportando un valor añadido y se han integrado en los hábitos cotidianos, sin reparar casi en su existencia. Son soportes invisibles de los procesos de negocio.En otras empresas, las TIC también son invisibles; pero no porque no hayan permeado en las diversas actividades sino por defecto de presencia o bien por falta de conciencia sobre su utilidad, necesidad o del papel que juegan para el desarrollo.
Aunque, cabe precisar que quizás no exista una definición realmente uniformizada de lo que significa “empresa-red”. Por ejemplo, un empresa que realice sus actividades empresariales a través de redes (e-business) no la define en absoluto como una empresa-red; tampoco una empresa que se relacione con otras formando redes de empresas tampoco la puede definir completamente como empresa-red.
Es decir, la consecución de las múltiples características que aportan las TIC a las empresas no las convierten en empresas red a no ser que las propias empresas también se transformen.
Pensemos en las características del concepto: descentralización, interconexión en red, uso cotidiano de las TIC, organización flexible y dinámica, estructura plana, grupos de trabajo multidisciplinares y de geometría variable. Puede parecer una lista imposible, pero pensando un poco no es complicado identificar empresas que las cumplen y otras que están en transición.
Parece quedar claro que las TIC son una de las claves actuales de la productividad. Diversos artículos recogen tal idea como por ejemplo ”La Sociedad de la Información en el siglo XXI: un requisito para el desarrollo. Volumen 2. Reflexiones y conocimiento compartido”:
Frente a la conocida paradoja de Solow, que responde a la observada relación inversa entre esfuerzo inversor en tecnología y el comportamiento de la productividad de los países, una hipótesis plausible a los resultados obtenidos en la segunda mitad de la década de los noventa es que el notable incremento de la productividad en Estados Unidos ha estado ligado a la creciente y acelerada incorporación de las nuevas tecnologías de la información, a la extensión en el uso de ordenadores e Internet, así como a la combinación de una inversión creciente en elementos relacionados con las TIC y las ganancias de productividad procedentes de la producción del sector informático. La evidencia disponible ha llevado a asumir, por tanto, el importante papel como impulsoras del crecimiento económico que tienen las modernas tecnologías en el amplio sector de la informática y las comunicaciones. La contribución de las TIC al cambio en el comportamiento de la productividad entre la primera y segunda mitad de la década de los 90 en EEUU se ha cuantificado en un 0.5% del crecimiento de la productividad total de los factores (PTF), lo que ha derivado en la concepción de “la nueva economía” (Jogerson & Stiroh, 2000; Oliner, Sichel, 2000; Temple, 2002). Estimaciones recientes vienen a confirmar que el efecto positivo de las TIC en el incremento de la productividad comienza a hacerse extensivo a otros países del G-7, distintos a Estados Unidos (Jogerson, 2004). Es más, algunos autores defienden que el retraso relativo de la Unión Europea en términos de competitividad y niveles de productividad se debe al desfase de la inversión en TIC del viejo continente, con efectos que podrían hacerse notar en los próximos años (Temple, 2002). Existe consenso pues acerca del impacto positivo en la productividad de la producción de bienes y servicios relacionados con las tecnologías digitales: un efecto que se ha visto favorecido por la evolución a la baja de los precios en el sector informático. También es especialmente reseñable el papel que han jugado las tecnologías digitales en el proceso de desarrollo de los países de reciente industrialización del sudeste asiático, siendo Hong-Kong, Singapur, Taiwan y Corea del Sur algunos casos que ejemplifican esa evolución.
Así que las empresas red son una realidad que poco a poco se establece en más y más empresas dado que la optimización de la implementación de las TIC en las mismas marca la diferencia entre el éxito y el fracaso.
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