Subordinando nuestras acciones a la decisión tomada
El cuello de botella limita nuestro proceso. Ya sabemos qué proceso (por ejemplo, producción, venta,…) y la limitación que presenta. Y claro no tiene sentido ir más allá de la capacidad que la limitación pueda absorber. Es decir, el cuello de botella marca el ritmo del proceso y supedita el resto de pasos del proceso que trabajan por debajo de su capacidad. Mal vamos entonces, claro. En este contexto, Goldratt propuso cambios en la forma de gestionar las empresas.
Su propuesta consiste en un sistema de planificación llamado PULL-PUSH. Dicho sistema consiste en:
- Los procesos previos al cuello de botella deben trabajar de la forma más rápida (PULL). En particular, si consideramos una linea de montaje: cuando el material llega a la linea de máquina, éstas deben procesarlo lo antes posible hasta el cuello de botella.
- Los procesos posteriores al cuello de botella deben trabajar de la forma más rápida (PUSH). Ello significa que antes se entregaran al cliente.
El objetivo es planificar los procesos de manera que el cuello de botella nunca se detenga para evitar que su condición empeore. En el ejemplo anterior, que la limitación se detenga por falta de material (como consecuencia del fenómeno de los palos de hockey).
¿Cómo evitar que suceda eso? Protegiendo el cuello de botella, asignando un buffer de tiempo al mismo. Pensando en el ejemplo anterior, ¿cuánto antes se quiere que el material llegue a la máquina? Lo que es cierto, es que dicho buffer es complicado de calcular dado que depende de diversas variables, en función del contexto considerado, por ejemplo:
- Tiempo de procesamiento y preparación.
- Averías.
- Flexibilidad.
- …
Para simplificar como punto de partida (recordemos estamos en un proceso de mejora continua), se consideran turnos estándar de trabajo.

